El pasado jueves 23 de junio del
2016 fue un día histórico para Colombia y la historia del conflicto armado
interno. Después de 4 años de negociaciones—52 en Guerra— el gobierno Colombiano
y las FARC, en la Habana, Cuba, firmaron los puntos del acuerdo que busca el fin del conflicto armado entre las partes y
llegar finalmetne a la paz. Algo que no creí sería testiga en vida.
Aunque esta noticia no significa el punto final de la violecia y del
conflicto en Colombia o entre las partes inmediatamente, si es un hecho que
vale la pena celebrar. Sorprendentemente para muchos esto paso de largo y no
es más que otra ofensa de los guerrilleros; una farsa de Santos; un ataque a la gente de bien. Es una paz "arrodillada", el anuncio del “Castro-Chavismo”
que viene y le hacen campaña al NO y hablan de resistencia civil. Yo no. Yo desde el 23 de junio, aunque
un poco intranquila por ver reacciones negativas entre familiares y
amigos, no he podido dejar de sonreír y acariciar la idea de un futuro mejor, por un cambio de historia. Yo abrazo mi esperanza, esa que se había aprendido acallar por
crecer en un país en guerra. Yo desde
ese jueves no he podido deja de pensar tampoco en mi hermana y de pensar en que ella, como yo, estaría de fiesta.
Cuando yo era pequeña y no tenia que
ir al colegio me gustaba acompañar a mi hermana a la Universidad de Antioquia
donde ella estudiaba Comunicación Social y Periodismo. Me encantaba sentarme en
la ultima fila del salón de clase y aprender con ella y sus compañeros del
ejercicio del periodismo, recorrer los pasillos de la U de A y comer pálito de
queso con jugo de guabanana en leche del caspete
cerca de la piscina. A mi hermana Iza (Maritza) no le importaba llevar a su hermanita, 8 años
menor que ella, a cosas de grandes y a mi me encantaba rodearme de sus amigos, aprender
de ellos, y con ellos, de política, cultura, justicia social y escucharlos
debatir sus sueños de ser protagonistas y narradores de las historias que transformarían
a Colombia en un país en paz con justicia para todos.
No es sorpresa decir que Iza y yo
fuimos siempre muy unidas, tanto que compartimos cuarto toda la vida hasta que
en 1997 ella fue contratada para manejar la oficina de comunicaciones de la
alcaldía de Apartado, en el Uraba Antioqueño — una de las tantas areas desangradas por choques entre las fuerzas militares, paramilitares y guerrillas-. Pero a mi
siempre valiente Iza que la zona fuera violenta, que ser periodista
en Colombia es una profesión de alto riesgo, o que no se necesitaba "poner en tanto riesgo" como que de verdad no le importaba
y se fue a encarar el reto dejándonos a todos con el padre nuestro en la boca y
a mi mamá con la veladora encendida.
En el Foro Social Mundial, 2006 |
A mi mamá le toco encender muchas
veladoras. La vida profesional de Iza no la alejaría de los ideales de equidad y
justicia social que la veía discutir con sus compañeros. El trabajo con la Pastoral Social la llevo a otras
zonas de conflicto antes de regresar a Medellin, en donde se vinculo con Mujeres que
Crean. Y así fue, como desde el 2002, volvimos a compartir
cuarto, a sentarnos con sus amigo a hablar del conflicto, a asistir a marchas
contra la violencia de genero y hasta viajar juntas al foro social mundial en
Caracas, Venezuela en el 2006.
"Por lo menos no la secuestraron, mataron o desaparecieron”, recuerdo
decir con voz quebrantada el 22 de diciembre de 2006 al enterarme de su muerte.
Y si, las probabilidades de que aquellos que la hubieran “matado, secuestrado o desaparecido” fuesen de las FARC eran alta,
aunque quizás igual de altas con cualquier otro actor del conflicto armado, pues
públicamente ella siempre “cuestionó el
interés por esconder el conflicto cuando, según ella, a diario los hechos
evidencian otra cosa.”
Algunos dirán que mi credibilidad en el más reciente proceso de paz en Colombia y el fin de una guerra tiene que ver con
que me libré de sumar y llorar a mi Iza como una víctima de las FARC. Pero no,
es precisamente por ella que no puedo dejar de creer en el. Negar la importancia de
las noticias del 23 de junio del 2006 es como olvidar los riesgo que ella tomó
para que se llegará a ese día. Es negar su trabajo y, más importante
aún, es negar ese legado y la huella que dejo en mi. Se que a ella, tanto como a mi, la
ilusión de una paz más cercana la hacen hoy feliz.
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