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Pongamonos los guantes


Bien dice el dicho "EL que no llora, no mama". Yo llore y llore. Llore por twitter, llore por e-mails  y hasta llore por acá contando la historia de mi ultima aventura bajándome de un avión de Avianca ( leer Esperando a Avianca) y ahora pues me ha llegado la hora de mamar.


Yo no soy una experta en asuntos legales ni mucho menos, y cuando todo el incidente paso me surgieron algunas inquietudes sobre como proceder.  Sabia que tendría que hacer gastos extras por la fractura -  transporte en Portland, visita de seguimiento al medico, tal como lo indicaron en Colombia, etc. - y tenia la sospecha de que toda la responsabilidad no era mía. Quizás me resonó en la cabeza el modus operandi de las aerolíneas cuando sobrevenden un vuelo: ofrecen bonos en efectivo o boletos adicionales de vuelo como indemnización y analizaba a la chica que me acompañaba de avianca, notando como se mostraba  cada vez más y más diligente durante el tiempo que estuvo conmigo en la clínica en Bogotá... algo entre sus acciones me indicaba que ellos reconocían alguna responsabilidad en el asunto y estaban tratando de recolectar toda la información necesaria. Mejor dicho, no dan puntada sin dedal y ella era parte del dedal.


En Colombia decimos que es mejor tener amigos que plata (aunque debatible a final de mes cuando se vienen las cuentas) y con la inquietud dándome vueltas acudí a la consulta de mi amigo del alma, quién es abogado. Gracias a él, y  a su familia, deje a un lado dudas y comencé a contactar a Avianca solicitando una resolución y seguimiento a el proceso que comenzó en Bogotá y del que ellos muy diligentes habían hecho copias de todo.  No sabia yo que seria una seudo cruzada  hacer valer mis derechos de ese contrato que, el 26 de febrero, cuando me troqué el tobillo, Avianca y yo llevábamos por la mitad del camino, pues el de transporte, ya había iniciado con mi viaje  Medellín - Bogotá y solo terminaría con mi llegada a Florida.


Tiene sentido por lo tanto que en Colombia la gente acuda a personajes públicos como Julio Sanchez Cristo de la W para que abogue por sus problemas, pues si no se es famoso, se tiene una cadena de radio a sus espaldas que cuestione públicamente la responsabilidad de las empresas las quejas y reclamos a estas se quedan siempre en el buzón.Luego de un par de e-mails al limbo inicie una "campaña" en Twitter, que sorprendente dio resultado. Bastaron un par de mensajes con tagging de Avianca para que mis correos dieran con un nombre, con una respuesta. Llamadas telefónicas y muchos mas e-mail continuaron el proceso que de un momento a otro se volvió una  "misión justiciera" de mi parte. Seria mentira decir que desde el comienzo lo era, no, nada mas lejano a eso, pero entre los irse y venirse de mis conversaciones con Avianca comencé a unir los puntos y ver como todo esto se relaciona con la cotidianidad del país y nuestra cultura. En Colombia donde "el vivo vive del bobo, y el bobo de mamá y papá" no solo las personas  toman venjata las una de las otras, sí no,  y mas aun, las empresas y el gobierno continuamente rompe contratos, acuerdos y promesas a los que están vinculados con sus constituyentes y consumidores.

Creo que en mi caso el Twitter jugo a mi favor. Nada mas malo para la imagen de una empresa que gente constantemente quejándose en un lugar tan publico como ese. He allí la ventaja de que mi lucha fuese con un entre privado, pues las empresas, a diferencia de los gobiernos, aun necesitan buena publicidad para atraer mas consumidores. Bueno, esto también es debatible, gracias a las ultimas tendencias gubernamentales que continúan favoreciendo la creación de monopolios... pero eso es harina de otro costal que no hace parte de mi relato y que eventualmente tendremos que lograr cambiar.

Si bien fue un proceso de casi 5 meses entre e-mails, twittes y llamadas telefónicas; de disgustos e inconformista, hoy me place saber que se acabo el paseo y Avianca ha hecho su parte. El reembolso de mis gastos extras ocasionados por la torcedura de mi tobillo se  realizo efectivamente hace algunas semanas, y aunque no era un millonada, me siento satisfecha de haber sido perseverante en la búsqueda del ¡respeto a mis derechos como consumidora!

Hoy escribo este post para que usted, señor o señora lector/lectora, haga lo mismo.  Que se inspire en acciones como las de ese grupo de compatriotas que iniciaron la campaña de  #noentrescaines y tome riendas ante los abusos que hemos asimilado como parte de nuestra cotidianidad: No, no esta bien que nuestros bancos tengan uno de los cargos  más altos del mundo; No, no esta bien que me facturen el celular sin servicio la mitad del mes por problemas de la compañía y tampoco esta bien que de 6 pm a 10pm sea el mismo pago por hora, cuando los sistemas de transporte público son menos frecuentes. En fin, puedo hacer una lista interminable...

Vale recordar que si como individuos debemos hacernos responsables de nuestros actos, como consumidores debemos hacer respetar nuestras garantías y como constituyentes debemos hacer que nuestros representantes políticos trabajen por, con y para nosotros; ¡Ponernos los guantes para dar la pelea!, pues nada o nadie cambia sin que se lo pidan y,  después de todo la belleza de las sociedades capitalistas y democráticas en las que vivimos prometen que siempre tendremos el poder de decidir donde comprar y por quien votar... bueno, a veces debatible también.

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